Echando de menos el sentido del humor

El humor negro es un síntoma de inteligencia

Ciertamente, estamos atravesando una época muy dura, en todos los sentidos. Nos ataca un bichillo microscópico con una capacidad de adaptabilidad pasmosa y que se está llevando nuestra salud, nuestro dinero y la poca salud mental que nos quedaba.

La respuesta política, de quienes deberían velar por nosotros es tan decepcionante como el pasotismo extremos de muchos que niegan la evidencia de todo lo que nos rodea. Afortunadamente, el bicho no ha entrado en casa, pero sí tengo familia y amigos que lo han sufrido muy duramente en sus propias carnes, así que no tengo la necesidad de enchufar la televisión para ver cifras, sólo he tenido que ver con mis propios ojos lo que tenía a mi alrededor.

Los sanitarios están agotados, las UCI empiezan a saturarse preocupantemente… Pero hemos salvado la Navidad, ¿no? Las calles se han llenado de luces y de espectáculos varios… Si la población no debía salir de casa para verlo, ¿por qué los organizan? Voy a dejar que cada uno saque sus propias conclusiones. Además, el “responsable” que debe transmitirnos la situación pandémica nos echa una reprimenda diciendo que «probablemente lo hemos pasado demasiado bien estas fiestas»… En fin…

Varias comunidades autónomas están pidiendo directamente el confinamiento domiciliario, pero el Ejecutivo no se pronuncia, no dice nada… Sólo nos llega el mensaje de un señor que nos riñe sin aportar ningún tipo de solución.

Y es que si nos confinan, ¿Quién da de comer a los autónomos? Ay señores, no hay dinerito en la caja; la teta de la vaca se ha secado… ¿Quién habrá dejado la ubre como la mojama? Entre todos la apretaron y entre todos la mataron. Y las UCI se siguen llenando…

Pero a pesar de todo ello, hay una cosa que echo mucho de menos, y son el sentido del humor y la sátira que ha caracterizado siempre a los países mediterráneos como el nuestro. Me da la sensación de que tanta noticia tremebunda ha minado hasta nuestro raciocinio, además del hecho de que hemos estado criando generaciones de cristal que se ofenden por todo. Un chiste sigue siendo un chiste, y la sátira sigue siendo sátira… No es nada que hayamos inventado precisamente hace cuatro días.

En líneas generales, incluso la sátira no se interpreta, se toma como una ataque personal que “ofende”, dando lugar a comentarios pedantes en el mejor de los casos, y en otras ocasiones, insultantes.

Pues bien, la psicología ha comprobado que el humor negro es un signo claro de inteligencia, precisamente porque se trata de la capacidad de añadir humor a situaciones duras, con el fin de afrontarlas de forma positiva. El periódico “La Vanguardia” ya publicó un artículo allá por 2017 https://www.lavanguardia.com/vivo/psicologia/20170309/42658087598/humor-negro-inteligencia.html por cierto, de lectura muy interesante y amena, en el que hablaba sobre la relación directa entre el humor negro y la inteligencia.

De hecho, filósofos como Sócrates aplicaban un humor negro tremendamente incisivo para explicar muchas de sus teorías… Y nadie duda sobre la inteligencia de Sócrates.

El humor es algo que hemos ido suavizando y edulcorando a medida que hemos ido construyendo una sociedad en la que todo el mundo se ofende por todo. Incluso llega a molestar el propio humor, por simple que sea. Y yo me pregunto una cosa… Viviendo las circunstancias que estamos afrontando en estos momentos ¿Qué nos queda sino nos queda ni humor? Si no somos capaces ni de reírnos de nosotros mismos, ¿qué tipo de sociedad estamos creando? Si en lugar de humor en muchos comentarios lo que vemos es hostilidad… ¿No será que realmente estamos enfermando como sociedad? Y no me refiero a la enfermedad de un virus orgánico…

La madurez deductiva de las personas y la madurez emocional de una sociedad se mide en cierta medida gracias a su capacidad de producir y digerir humor, y el camino que se vislumbra se ve ciertamente preocupante.

En el momento tenemos que  medir las palabras para todo, absolutamente todo lo que expresamos, creo, francamente que empezamos a tener un problema, tanto de tolerancia como de madurez intelectual.

Creo que nos haría falta un poco menos de pedantería y un poco más de risas. Es muy probable que acaben confinándonos igual, pero al menos nos reiremos, ¿no? ¿Qué sería de esta vida sin la risa?

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