El invierno avanza

Como lágrimas de despedida se precipitan los aterciopelados pétalos de las fragantes rosas,

y por el viento son arrastradas hojas parduzcas que antaño lucían brillantes y verdes.

Limonero oloroso, que das generoso tu fragancia,

naranjo benevolente, que mientras tus ramas quiebran, a tus hijas acoges.

Lavanda delicada, que a las abejas amamantabas.

Jardín de olores, de sensaciones…

Manos sucias de tierra y estiércol, bendecidas con sus dones,

manos callosas, que en comunión, abrazan al olmo cansado,

que susurra al viento su canción de cuna, adormilado ya de su agitado verano.

Se aproximan tormentas y vientos norteños, para dejar a todos aletargados.

Duerme la lavanda hermosa, duerme el fragante limonero, duerme el protector naranjo…

Duermen, todos duermen, esperando ser de nuevo despertados.

A su invernal refugio se retiran salamanquesas y lagartijas,

dejando huérfanos de su presencia a los farolillos temblorosos,

ya libres de polillas y de taciturnos y vampíricos compañeros.

Pardas hojas danzan con la gélida música del alba.

Acurrucado duerme el gato junto al fuego,

que danza tembloroso calentando estas manos callosas y cansadas.

El invierno se acerca, inevitable y sigiloso.

Volverán a brotar las rosas, las abejas volverán a la lavanda,

al limonero y al naranjo volverán sus fragantes flores…

Duerme mi jardín hermoso, para volver a darte vida volverá la primavera.

Las hojas de los olmos volverán a ser verdes y brillantes,

Siempre en ti se esconde renovada esperanza.

¡Pobres nosotros, meros mortales!

Mis hojas no son pardas, son blancas, y las peino cada mañana.

Ellas no volverán jamás a su brillo y color.

¡Pobres nosotros, meros mortales!

Que no somos capaces de entender nada.

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